Si estás acá es porque eres una madre o un padre que busca recuperar su descanso y buscar el mayor bienestar para tu bebé.

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Te quiero contar un poco sobre mi experiencia con el sueño...

Aún recuerdo que cuándo tenía unos 4 o 5 años necesitaba de la presencia de mi mamá para poder conciliar el sueño y mantenerlo. Recuerdo la frustración de mi mamá al pasar horas ayudándome a dormir solamente para que en el momento  en que yo dejaba de sentir su presencia al lado mio  corriera a buscarla a su cuarto para que regresara a dormir conmigo.

 

Recuerdo pasar por el consultorio de muchos médicos, psicólogos y especialistas para encontrar la razón por la que yo “no podía dormir” aún cuándo ya tenía cerca de 7 años. En algún momento aprendí a hacerlo por mi cuenta, dejé de necesitar a mi mamá cerca para dormir y tuve algunos años de sueño profundo, largo y reparador. Aprendí a hacerlo de forma muy tardía, pero mi pobre mamá, tuvo que pasar 7 años de su vida pasando horas a mi lado para que yo pudiera conciliar el sueño al inicio y en medio de la noche. 

Algunos años después, cuándo ya era una adolescente y estaba haciendo el paso del colegio a la universidad, tuve un periodo largo de ansiedad, propio de la adolescencia, que terminó desencadenando insomnio crónico, o así fui diagnosticada. Así que un médico me recetó pastillas para ayudarme a dormir. Después de varios meses de tener muchas dificultades con el sueño, las pastillas funcionaros demasiado bien y volví a  descansar…. El problema fue que desarrollé una adicción a ellas y si no las tenía, simplemente no podía conciliar el sueño. 

 

 

Para hacer la historia corta, duré tomando pastillas para conciliar el sueño durante 12 años. 

 

Cada noche de esos 12 años tuve que inducir mi sueño con pastillas para poder dormir. Un día decidí que estaba lista para ser mamá, y al hacerme chequeos con mi médico me dijo que no podría quedar en embarazo hasta haber dejado de tomarlas y haber desintoxicado mi cuerpo de esas pastillas. Y fue en ese momento en el que tomé la decisión de nunca más tomarlas. Y hasta la fecha lo mantengo. Fue dificilísimo dejarlas, tuve síndrome de abstinencia, ansiedad y muchas ganas de regresar a ellas. Pero, al final, aprendí a dormir sin ellas, el único problema es que yo aprendí a dormir a los 30 años. 

Algunos años después, en la adolescencia, tuve un periodo largo de ansiedad que terminó desencadenando insomnio crónico, o al menos así fui diagnosticada. Uno de los médicos con los que acudí, me recetó pastillas para ayudarme a dormir. Después de varios meses de muchas dificultades para poder dormir, las pastillas funcionaron muuuy bien y volví a descansar.

 

 

El problema fue que desarrollé una adicción a ellas y si no las tenía, simplemente no podía conciliar el sueño. 

duré tomando pastillas para conciliar
el sueño durante 12 años.

Cada noche, de esos 12 años, tuve que inducir mi sueño con pastillas para poder dormir. Un día decidí que estaba lista para ser mamá, y al hacerme chequeos con mi médico me dijo que no podría quedar en embarazo hasta dejar de tomarlas y haber desintoxicado mi cuerpo. Fue en ese momento en el que tomé la decisión de nunca más tomarlas. Y hasta la fecha, no las he vuelto a tomar. Dejarlas fue súper difícil, tuve síndrome de abstinencia, ansiedad y muchas ganas de regresar a tomarlas. Al final, aprendí a dormir sin ellas. Aprendí a dormir a los 30 años.

Quiero que sepas que el sueño, desde los primeros años de la vida de las personas, sí repercute en el sueño que tendremos adultos.

Los buenos o malos hábitos de sueño se pueden crear desde recién nacidos y aunque el sueño sí es una necesidad biológica y es un proceso evolutivo, también requiere de trabajo y consistencia para perfeccionarlo. Es una habilidad adquirida que sólo se perfecciona cuándo activamente cuidamos sus detalles. 

Cuándo nacieron mis mellizos, mi sueño que llevaba muy poco tiempo de haber mejorado, se descompuso como nunca en la vida

Yo pensaba que al ser una insomne profesional no me iban a parecer tan pesadas las noche para cuidar a dos recién nacidos. ¡Me equivoqué! Los primeros meses con mis hijos, me sentía en modo de supervivencia y llegó un punto en el que odiaba que llegara la noche porque sabía que iba a ser caótica, que iba a estar de mal humor, irritable, excesivamente cansada, y al siguiente día todo seguiría siendo igual. Un buen día, mi mamá me dijo que mis hijos me iban a hacer vivir lo mismo que ella había vivido cuándo yo era pequeña. Decidí que bajo ninguna circunstancia iba a permitir que mis hijos vivieran lo mismo que yo. 

Busqué ayuda, mejoré el sueño de mis bebés y mi maternidad y mi vida dieron un giro de 180º.

Todos en casa empezamos a dormir, a estar de buen humor, siempre amé la maternidad, pero en ese momento realmente empecé a disfrutarla. Decidí que quería dedicarme a la consultoría de sueño infantil porque el mal dormir realmente ha sido algo que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida y soy fiel creyente que los hábitos de sueño se crean desde los primeros años de vida. 

 

 

 

Así que si estás acá, es porque quieres ser parte activa del descanso de tu bebé y esto que estás haciendo por el es un regalo para toda la vida.

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